Tierra 616

martes, junio 21, 2005

Del porqué de las palabras

Revisión de la teoría tradicional sobre el origen de la palabra mysteria:

Toda la fértil familia de vocablos pertenecientes a la raíz de esta palabra tiene como progenitor al verbo mýein (μύειν). Pero este verbo, en su primera y más remota acepción significa exactamente «cerrar ojos y boca». No cabe imaginar actitud más reveladora de un trance existencial invadido por el afán de huir. No se puede imaginar tampoco nada tan antigriego como esta actitud renunciatoria ante el mundo: «cerrar los ojos» significa prescindir de toda «visión» y basta recordar que para la mente griega todo el mundo conceptual se resumía precisamente como una «visión», εlδος para percatarse de la profunda revolución que significa el misticismo en Grecia. Pero a su vez, «cerrar la boca», esto es, abrazar el silencio y aceptar lo inefable, significaba incurrir en otra renuncia no menos gravemente contrapuesta al espíritu helénico, ansioso de discurso y discusión, abocado al verbo y a su comunicación, al lógos (λόγος) y al dialogéin (διαλογεiν).


Los misterios no eran ante todo misteriosos y secretos porque fueran sentidos desde una actitud de superioridad excluyente o de inferioridad temerosa. No se trataba de ocultaciones inspiradas por un celoso sentimiento de conventículo: eran, simplemente «indecibles» (aρρητον) pero en el sentido de su inefabilidad y de su interna condición de cosa inexpresable: en último término, cabe decir que eran indecibles en el sentido de su irracionalidad. Por eso precisamente necesitaba apoyarse en la zona de lo simbólico, pues el símbolo es por definición aquel elemento claro y perceptible a través del cual se obtiene una percepción de lo oscuro y recóndito. Recóndita y oscura era la realidad del más allá, para la que los misterios preparaban al hombre, y sólo con símbolos podía sugerirse. Mas el símbolo podía ser malentendido siempre que no se supiera comprenderlo en su significado último e intencional, que era el verdadero, sino sólo en el inmediato y formal que sólo era aparente.

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