Tierra 616

miércoles, septiembre 21, 2005

Heidegger y la experiencia del lenguaje

Tal vez para alguno de ustedes que haya seguido la problemática de la investigación filosófica de los últimos años, le resulte un poco extraño el querer retomar la línea de pensamiento filosófico abierta por Heidegger y en especial su pensamiento sobre o, mejor dicho, desde el lenguaje. En estos últimos años, en efecto, hemos estado viviendo el auge del pensamiento analítico y el desarrollo de la lógica y de la formalización, proceso que tiene su faceta práctica por ejemplo en los lenguajes de programación y en la investigación sobre la así llamada inteligencia artificial. Además hay que recordar el enorme desarrollo de las ciencias del lenguaje y la aplicación de muchas de estas investigaciones en el campo de la información en general - incluida la problemática de la técnica de transmisión y procesamiento de señales - y de la información científica, técnica y económica en especial - una de las bases, junto con la energía y las materias primas, del desarrollo de la sociedad industrial contemporánea y tal vez el germen de lo que suele denominar la sociedad post-industrial del futuro.

Viendo todo este vasto campo de la investigación científica y filosófica actual en torno al lenguaje, resulta difícil querer pretender no sólo decir algo nuevo en relación con todos los mencionados campos, sino también, el querer decir algo nuevo en uno de dichos campos como es el filosófico, y con respecto a este último tal vez extrañe también querer retomar a un pensador que, por lo menos en Alemania, ha caído en un cierto olvido en la última década. El pensamiento de Heidegger sobre el lenguaje - en parte su pensamiento en general - ha sido sumamente criticado y tildado de mítico e irracional. Con las referencias que sigue les propongo tratar de precisar lo que, a mi modo de ver, y permítanme que subraye esta frase, es lo característico de una experiencia y de una reflexión filosófica sobre el lenguaje, lo cual no excluye de ninguna manera todos los otros puntos de vista, sean filosóficos o científicos, posibles. Quisiera aquí señalar una diferencia, a modo de propuesta, entre lo que yo llamaría la experiencia filosófica en sentido estricto y la investigación filosófica.

La primera es una experiencia específica, luego aclararé su naturaleza, que se desdobla en sus contenidos, por ejemplo en el lenguaje, sin perder su unidad. La investigación filosófica, y creo también la investigación científica, en caso que no se quiera considerar a la primera como parte de esta última, es plural tanto en lo que respecta a sus contenidos como a sus métodos. Hoy día parece inaceptable el monismo de una escuela filosófica, sea esta la analítica, la existencialista, la marxista, la del racionalismo crítico, la fenomenológica, la trascendental o la existenciaria (en sentido heideggeriano) que es la que retomamos en estas líneas. Es con esta conciencia de pluralidad que creo podemos retomar por ejemplo la pregunta y el modo de preguntar Heideggeriano en las investigaciones filosóficas que siguen, sin otra ambición que la de pretender decir algo que otros tal vez no digan tan claramente.


La experiencia filosófica en sentido estricto

A mi modo de ver la experiencia filosófica originaria - y en ésta ha de basarse una reflexión filosófica originaria sobre el lenguaje, aunque no necesariamente, como señalé anteriormente, la investigación filosófica en general - no es otra que la del thaumádsein griego, el admirarse de que todo es y de que este ser - pensado como verbo y no como hipóstasis - es el acontecer de una apertura espacio-temporal de la cual no sólo el origen y el fin escapan a nuestro conocimiento, sino que aún el mismo proceso de eclosión o desvelamiento nos posibilita sólo conocimientos parciales, conjeturas como les llaman los modernos racionalistas críticos a las teorías científicas. Este admirarse por el desvelamiento o por la eclosión del ser es una experiencia que fue tematizada tal vez por primera vez en Grecia hace unos 2.500 años. A aquellos que la han seguido tematizando se les ha llamado desde entonces filósofos, en virtud de su conciencia sobre la esencia finita del saber. Sabios son sólo los dioses, dice Platón. La filosofía entonces, en este sentido estricto, no es algo esotérico, ni mucho menos doctrinario, no es algo que influya sobre los métodos científicos, o algo que determine directamente nuestra vida biológica o social, sino que es simplemente la tematización de esa experiencia que, según podemos saber, sólo le es dado experimentar y tematizar al hombre. Con ello estamos diciendo pues implícitamente que dicha co-respondencia al ser nos constituye específicamente en nuestro ser (pensado como verbo) humano. Pero dicha experiencia al mismo tiempo nos des-centra: aunque seamos el lugar del de-velamiento no tenemos ningún motivo para considerarnos el centro de dicha eclosión. Hacer eso sería justamente olvidar al velamiento de que hablábamos al comienzo, con lo cual dejaríamos no sólo de ser filósofos sino también de ser científicos.

Esta experiencia fue tematizada por Heidegger en su obra Ser y tiempo y el hecho de que él siguiera trabajando en ella (haciendo correcciones que han sido publicadas recientemente en una edición crítica) hasta el final de su vida no es signo de un empecinamiento necio sino la conciencia de haber expresado una visión - una theoria, por tanto, en el sentido griego de la palabra - que sirve como punto de referencia a todo el desarrollo posterior, comparable por ejemplo a la visión de la crítica kantiana, a la alienación de Marx, o a las ideas de Platón.

El lenguaje como información y la experiencia poética del lenguaje

El lenguaje no es aquí primariamente un instrumento sino que es el lugar del des-velamiento o, en palabras de Heidegger a menudo mal entendidas (como demasiado míticas) «la casa del ser», el lugar por tanto donde el ser (pensado como verbo) se dice. Las palabras no son etiquetas que les ponemos a las cosas, sino que surgen de la percepción significativa y mundanal de las cosas. Desde dicha red de relaciones es el lenguaje el que nos habla y nosotros los que co-respondemos. Cuando la co-respondencia es al proceso de des-velamiento en cuanto des-velamiento, el lenguaje parece oscurecerse. Cuando este oscurecimiento no es oscurantismo sino un intento de co-respondencia a lo velado como velado decimos que el lenguaje es poético. Así como una de las características del velamiento es su inagotabilidad, que nos pone siempre de nuevo en cuestionamiento descentrándonos, así también todo auténtico lenguaje poético está siempre por des-cubrirse, nos lleva siempre por delante.

Es por eso que para Heidegger son los poetas quienes están a la escucha del lenguaje. Es por eso que la medida del ser humano y con ello también la medida de la salud psíquica es el habitar poéticamente sobre esta tierra, como dice Heidegger retomando a Hölderlin. Esto, como ustedes pueden ver, no tiene nada que ver ni con un misticismo, la pregunta por Dios puede plantearse desde aquí de una forma muy diferente a la que se plantea desde el esquema subjetivista, ni mucho menos con un romanticismo: la experiencia originaria filosófica es vivida ciertamente en determinados momentos, por ejemplo de angustia o de alegría, de libertad o enfermedad, de entrega etc. en los cuales el estar más allá de las cosas - lo abierto en Heidegger, la trascendencia kantiana, aunque aún pensada subjetivamente - es percibido como des-velamiento. Esto está por supuesto muy lejos de querer ir buscando misterios por donde no los hay. El vivir poéticamente no es vivir en un pseudo-parnaso, sino que es «en la tierra», ni tampoco es una mera actividad intelectual sino que es un «hablar». La existencia poética, es decir humana, es la existencia abierta por excelencia. Boss reinterpreta desde aquí las así llamadas enfermedades psíquicas así como los conceptos fundamentales de Freud, en especial al concepto de inconsciente.

La representación del lenguaje como información es como un negativo fotográfico - dice Heidegger - de la experiencia poética del lenguaje. Así como un mundo sin información y sin formalización sería un mundo más pobre y más violento, así un mundo en el que sólo domine dicha representación del lenguaje puede llegar a ser un mundo sin sentidos. ¿Esto les parece a ustedes un irracionalismo?

Rafael Capurro

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