Tierra 616

lunes, octubre 03, 2005

El efecto Montoliu

—el efecto, dijo Montoliu aquella mañana (es decir, una mañana cualquiera), una de aquellas mañanas, al lado de la cristalera de la clase, Montoliu, su gabardina, sus gafas oscuras; y a partir de aquí era posible comenzar a comprenderlo todo de una manera distinta... las gafas oscuras (ya que tenía unos ojos excesivamente sensibles a la luz) y la gabardina que no se quitaba nunca, junto con la caravana (la leyenda de Montoliu, Montoliu como leyenda...), el efecto, dijo Montoliu... si queremos entender el arte occidental, que es lo mismo que decir: si queremos entener Occidente, tenemos que entender el efecto... ¿por qué es un efecto? porque es el producto de una causa... ¿cuál es la causa? no sé cuál es la causa... seguramente eso que Schopenhauer llamaba «la voluntad»... o quizá se trate de un efecto incausado... el efecto de los efectos de propone como explicación, como hilo conductor... el efecto se propone como interpretación de la idea del yo... es, asimismo, un efecto, porque su impronta se advierte en todo lo que toca... es el efecto efectuando, por así decir... y como el efecto somos nosotros, sus definiciones se encuentran por doquier... es difícil aprehender la sustancia de algo que creemos conocer tan bien... Hegel dice que los personajes de Shakespeare «son libres artistas de sí mismos» —si olvidamos el epíteto «libres», un poco caprichoso desde mi punto de vista (ya que, ¿qué libertad tiene Hamlet para dejar de torturarse por la muerte de su padre, o Iago con la idea de que con él se ha cometido una injusticia?), obtenemos así una primera aproximación a la idea del efecto...

»todos somos libres artistas de nosotros mismos porque todos tenemos dentro de nosotros el impulso artístico: todos hemos nacido para crear una obra de arte, y esa obra de arte no es sólo mi YO, sino, más concretamente, ese tornasolado deslizarse del YO a lo largo del Tiempo, es decir, la Historia de mi Vida... usamos todas nuestras energías en la creación de esta obra artística, que desaparece con la muerte... lo más extraordinario es que ese impulso creador no es natural, sino cultural... es aprendido... y es exactamente el mismo impulso que mueve a los artistas a la creación de sus obras de arte... éste es el efecto... Occidente ha creado la novela, la ópera, la poesía lírica, el cine, y el YO como obra de arte...

—pero todo eso no es nada nuevo, objetaban los apasionados alumnos de Montoliu... ya lo decía Burckhardt: el yo como obra de arte, etc., etc.

sin embargo Montoliu deseaba ir más allá

—si aceptamos la premisa básica del efecto, decía, nos encontraremos enfrentados a una reacción en cadena casi terrorífica... primer efecto: nuestro yo y la historia de nuestra vida son una construcción artística —luego no tienen realidad, más allá de su propio entramado de construcciones... luego ¿qué son nuestro «yo» y «nuestra vida»?... estamos viviendo una vida que no tiene realidad... y puesto que las «convenciones» en las que se basa esa extraña obra de arte son, hablando grosso modo, la idea de la causalidad y la idea del tiempo, deberemos concluir que ni la causalidad ni la idea del tiempo tienen realidad más allá de las fronteras del efecto —todo lo cual, se nos dirá, ya fue ampliamente discutido por los filósofos idealistas del siglo XVIII y del siglo XIX...

»pero sigamos extrayendo consecuencias... el efecto es la noción de causalidad y de tiempo psicológico, y es también el significado... sólo puede existir significado cuando existe causalidad y cuando existe el Tiempo... el Sentido «brota», por así decir, de la necesidad que preside la construcción de la obra artística en el Tiempo... sin embargo, si estudiamos el efecto como un fenómeno puramente artístico, entonces nos daremos cuenta de que le significado o el sentido es, realmente, el elemento más innecesario de todos... el sentido es un producto derivado de la forma: el sentido no es nunca el significado de la forma, sino una sombra, un producto secundario, un fantasma creado por la forma... el descubrimiento de que el significado no es, en realidad, sino una dimensión de la forma, debería ser tan definitorio de nuestras postrimerías del siglo XXI como lo es el descubrimiento de que el tiempo no es sino una dimensión del espacio...

—por supuesto, decían los alumnos de Montoliu, algo escandalizados, pero eso ya lo explicaron los formalistas a principios de siglo... y, de hecho, todo el desarrollo del arte del siglo XX no es sino un corolario de ese axioma que ve el arte específicamente como un fenómeno formal...

—¡gran equivocación! decía Montoliu, ya completamente poseído por el placer... cuando yo hablo de forma no estoy hablando de arte... es decir, estoy hablando también de arte, pero no podemos olvidar que nosotros hemos convertido la misma realidad en arte... de hecho cuando hablo de la forma no estoy hablando de la distinción entre «forma» y «contenido», que no son sino categorías aristotélicas surgidas de una concepción dualista del mundo que para mí es completamente imaginaria... cuando hablo de forma estoy hablando del pensamiento como forma, de nuestra facultad de conocer como facultad de crear formas... cuando hablo de forma estoy hablando, en realidad, del lenguaje (ésa es la Forma, la FORMA, la única forma) y, por tanto, del pensamiento... cuando hablo de Forma hablo de todo lo que existe, en el sentido de todo lo que se puede pensar y todo lo que se puede decir, ya que el lenguaje es lo que da forma a nuestro pensamiento... cuando hablo de forma, estoy diciendo que nuestro pensamiento necesita de la Forma, y que esa forma no es otra cosa que el lenguaje, y estoy diciendo también que la Forma es el tiempo, la causalidad, el sentido y el YO... es decir, que el efecto es una cierta Forma —una organización...

»pero también estoy apuntando a otra posibilidad, a una posibilidad vastísima... lo que sugiero es que si el yo es una construcción artística, entonces ha de ser posible salir fuera del yo... fuera del lenguaje... si todo eso es una gran construcción... es evidente que es posible salir de la construcción... es evidente que es posible salir del sentido, salir de la causalidad, salir del Tiempo, salir del YO; si el efecto existe, entonces es posible salir del efecto, y es posible ser libre...

La música del mundo
o el efecto Montoliu

Andrés Ibáñez

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