Tierra 616

jueves, noviembre 24, 2005

Sonreir de verdad

Sí, lo admito. Yo soy de los peores. Me creo poco exigente y en realidad soy muy exigente. Voy por la vida dibujando corazones en los puntos de las íes, no dedico mucho tiempo a pensar en la muerte y tampoco llevo bragas los domingos. ¿Qué hay de malo en eso?

Con los hombres es lo mismo. De verdad que tampoco pido tanto. De un hombre sólo quiero que, para empezar, vaya con la verdad por delante. Y si quiere venir con el dinero también por delante, pues que venga. Que yo no le hago ascos a nada, en serio.

Que me acepte como soy, con mis defectos y mis virtudes.

Que no se avergüence de mi pasado.

Que sea cariñoso.

Que sea atento.

Pero sobre todo, que me sienta cómodo a su lado.

Es decir, que me comprenda de verdad.


Bueno, algún que otro detalle tampoco está de más.

Pero sin pasarse.

Y es que lo fundamental para mí es que sepa esperar.

Me tiene que demostrar que para él no soy sólo un rollo de una noche.

Es decir, comprometerse.

Y demostrar su fidelidad.

Saber que haría lo que fuera por mí.

En definitiva, sólo quiero a alguien que me quiera, que sepa ver mi belleza interior.

Y que no me lleve la contraria, claro.

Sólo quiero que me hagan sonreir de verdad, como todo el mundo. ¿Es eso pedir demasiado?