Tierra 616

jueves, febrero 09, 2006

La filosofía de los viajes en el tiempo

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Realidad y sueño. Desde siempre la barrera entre ambos planos ha ondulado como una playa bajo la luna. En ocasiones el ser humano ha sido capaz de lanzarse a las aguas y nadar hasta alcanzar el reflejo plateado sobre las olas. Ha sido capaz de flotar en esa barrera abierta en cualquier parte, en un parque solitario, en la suela de un zapato, en una moneda que se nos cae del bolsillo, en un libro abandonado... Hacer el muerto sobre esos instantes que nos transportan a un futuro que no es nuestro futuro porque ya lo estamos viendo. Que sentimos lenta pero inmediatamente. En ese instante vivimos un tiempo prestado, nos lanzamos vertiginosamente hacia algún lugar que no es espacio sino tiempo porque seguimos flotando boca arriba, con la mirada perdida, con una sonrisa burlona en los labios, sin principio ni fin. Paralizados durante toda la eternidad de nuestra existencia, que no es más que toda la eternidad. En ese momento sin principio ni fin se dan todas las posibilidades. Nos lanzamos hacia delante sabiendo que ese delante somos nosotros, que sin nosotros no existiría. Las posibilidades, todas las posibilidades somos nosotros. Como un cuadro de Klee. El cuadro es el cuadro y nosotros. Es la suma de ambas cosas. Sin nosotros, el cuadro no existiría. Sin nosotros, nada de esto existiría. Sin mí, por ejemplo, la vida que conozco, toda ella, no existiría. Pensar eso es tomar conciencia de nosotros mismos, de nuestra capacidad de creación, de actualización de todo lo que nos rodea.

No sé qué me pasa. Me voy de la ciudad y no duermo bien... últimamente acabo haciendo el muerto en cualquier parte. Hasta encima del blog.
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Nos vemos el miércoles.
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PD para Moribundo.
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Pág. 90 de Las Tribulaciones del Estudiante Törless, de Robert Musil
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«Y súbitamente advirtió Törless –y le pareció que se le ocurría por primera vez– cuán alto en verdad estaba el cielo.

Fue como un sobresalto. Entre las nubes resplandecía un agujero pequeño, azul, intenso, indeciblemente hondo.

Tenía la impresión de que con una escalera larga, larga, podría llegarse hasta arriba; pero cuanto más alto se elevaba con los ojos tanto más se alejaba aquel azul resplandeciente, fondo. Y sin embargo sentía que era menester llegar allí alguna vez y poder detenerlo todo con la mirada. Este deseo le atormentaba vivamente.

Era como si, tensa al máximo, la mirada volara rauda, cual una flecha, entre las nubes, y como si cuanto más lejos apuntaba, diera cada vez menos cerca del blanco.

Y Törless se entregaba a ese juego, esforzándose por permanecer tranquilo y razonable en la medida de lo posible. “Ciertamente no hay ningún fin” se dijo. “Todo se proyecta cada vez más lejos, más adelante, al infinito.” Con los ojos clavados en el cielo se decía estas palabras como si quisiera poner a prueba la fuerza de una fórmula de conjunto. Pero en vano. Las palabras no decían nada o, mejor, decían algo completamente diferente, como si refiriéndose, eso sí, al mismo objeto, hablaran empero de otro aspecto de él, indiferente.

“¡El infinito!” Törless conocía la expresión por las clases de matemáticas. Nunca se había representado nada preciso, al pronunciar aquella palabra. Alguien la había inventado alguna vez y desde entonces era posible contar con ella como con algo seguro. Era precisamente lo que ocurría en los cálculos matemáticos. Pero más allá de ellos, Törless nunca había tratado de buscarle un sentido.

Y ahora le penetraba como un puñal y esa palabra contenía algo terriblemente inquietante. Se le antojó que era como un concepto domesticado, amansado, con el diariamente él hacía sus pequeños malabarismos y que de pronto, ahora, se había desenfrenado. Los trabajos de algún inventor habían hecho adormecer esa cosa salvaje, violenta, anonadadora, que ahora se despertaba súbitamente y volvía a ser temible; y en aquel cielo se le imponía como algo vivo, que lo amenazaba, se mofaba de él.

Terminó por cerrar los ojos porque aquella visión le atormentaba demasiado.»
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Escuchando

The Killing Moon, de Echo And The Bunnymen
Head Over Heels, de Tears For Fears
Never Tear Us Apart, de INXS
Mad World, de Gary Jules