Tierra 616

miércoles, marzo 22, 2006

It's my party and I cry if I want to

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Breve pero intensa actualización vital, exactamente como ha sido este último mes en Barcelona.
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Como en ocasiones anteriores, sería absurdo aplicar los patrones espacio-temporales a todo esto, de modo que lo mejor será ir picando de todo un poco según el apetito bulímico que caracteriza a este blog. Y que conste que no quiero referirme al blog como una esfera cuasi independiente de mí, a pesar de las imposturas líricas de los últimos tiempos.
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A lo que vamos, que el agujero de gusano del mes pasado me ha llevado esta misma tarde a pasearme por la foto que puse por aquel entonces, en vivo y en directo. Y es que más que la casualidad, la inevitabilidad de la que hablaba hace un mes me ha propulsado por el Arco del Triunfo hasta el reducto desde el que escribo estas palabras.
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En un mes me ha dado tiempo a confirmar mi intuición sobre la ciudad, pero también me ha dado tiempo a exasperarme, a extenuarme y a exprimirme hasta la última gota, aunque ha valido la pena. Por fin veo los frutos de esas gotas. Y no sólo porque ya tenga un techo sobre mi cabeza (la indigencia parecía una alternativa muy digna a los antros que tuve que ver en mi cruzada inmobiliaria), sino por la sensación de estresante felicidad que me ha embargado estos últimos días. Saberse en el sitio al que uno pertenece siempre ha sido para mí como un imposible, más que nada porque, de una manera francamente idiota, insistía en ponerme trabas tanto mentales como físicas. Me anclaba a planes que iban en contra de mis deseos, me anclaba a lugares que iban en contra de mi naturaleza, y aún así creía estar haciendo lo correcto. Como si eso existiera. Todo esto puede parecer muy obvio para el público en general, pero para alguien que siempre ha odiado sus deseos y su naturaleza (a pesar de lo dicho y redicho), estar donde estoy es casi un milagro. Y sin sustancias estupefacientes de por medio. Ahora sí, puedo decir que mis planes no están enfrentados con mis deseos: mi nueva forma de trazar planes es dejar la mente en blanco y dejar que lo que de verdad me apetece surja de manera natural, como cuando tienes que ir al baño, no hace falta pensarlo, tu cuerpo te lo dice. Y tampoco el lugar en el que estoy está enfrentado con mi naturaleza: hay sol, hay playa y hay cogollos floreciendo frente a mi ventana, hay gaviotas copulando con palomas, hay un videoclub indi (no es que reniegue del Drugstore de Lega, pero yo necesito mucho cine francés, aunque sea para ponerlo a caer de un burro) y hasta la tienda de Norma Cómics está en mi barrio (me he comprado un figurita de la Jean Grey para el curro y todo). Vamos, que sólo me falta la bici para estar totalmente integrado.
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Esto también estuve a punto de comprármelo. En serio.
Escuchando Don't say no, de Patrick Wolf