Tierra 616

lunes, abril 10, 2006

Cuando el diablo no tiene que hacer

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se pone a hacer planes. Y como el diablo robot de Futurama, mis planes son de los retorcidos (o eso me hago creer). Hoy me he ido de paseo dándole vueltas a los próximos meses: viajes imposibles, derroteros profesionales más bien inciertos, cursos postergados... y una posibilidad de aunar todos ellos en un maléfico y genial plan que me llevaría de aquí al año que viene. Luego quedará todo en agua de borrajas, como siempre, pero esa excitación burbujeante de fragua de Vulcano (torsos desnudos incluidos) que se gestaba en mi interior vagabundeando por el Raval ya hacía tiempo que no la saboreaba, y lo bien que sienta, oye. Y eso que hace poco me enteré que ese estado de proyección es el mismo que experimentan los sicóticos en sus ataques, cuando se arrancan de la realidad que les rodea con una sonrisa en los labios...

Y a la vuelta, con todo aquello aún surgiendo de mi cabecita cual nube de historieta, iba por la calle Princesa con mi camiseta de rayas y haciendo mis pinitos con el yoyó mariquita que me acababa de comprar, esbozando una atractiva mueca de genialidad malentendida que ni el profesor Moriarti...


Escuchando Straight To Hell, de Josh Rouse