Tierra 616

viernes, abril 21, 2006

Espacios duros

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Así se llama la figura ortotipográfica que me ha tenido atrapado desde hace más tiempo del que puedo recordar.
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Se trata, simple y llanamente, de un espacio en blanco que se aposta entre dos caracteres y que los sujeta el uno al otro única y exclusivamente a través de la nada. De un espacio en blanco. Eso es todo. Un espacio en blanco es lo único que une a esos dos caracteres, un espacio en blanco que también los separa, pero que no deja que se separen.

Normalmente, la función de los espacios duros es la de evitar que el segundo carácter, el que va a continuación de ese espacio vacío, caiga a la línea siguiente y deje solo al primer carácter. De este modo, ambos caracteres, aunque separados, permanecen unidos al borde de la misma línea. El espacio duro impide que esa falsa unidad se deshaga, deja una línea demasiado corta, truncada, coagula irremediablemente el texto y lo sigue coagulando cada vez que se nombran esos dos caracteres. A veces, cuando se cuelan en mitad de una línea, estos espacios duros son invisibles. Pero, como texto oculto, permanecen ahí donde los colocamos. Y, como todo texto oculto, también forma parte de lo que escribimos.

Como digo, desde hace más tiempo del que puedo (quiero) recordar he ido escribiendo mi historia con espacios duros. Unos espacios duros que, en la mayoría de las páginas, eran imperceptible. Las más de las veces me las ingeniaba para que esos dos caracteres cayeran en mitad de una línea y nadie (ni siquiera yo mismo) notara su presencia. Más conscientemente de lo que quisiera creer, me acostumbré a ocultar todo aquello que no quería ver, todo aquello que no estaba en armonía con lo que quería escribir. Dicen que la vida es el primer borrador (y el único). Si es así, hasta ahora yo, más que de borrones, he llenado la mía de texto oculto.

El pasado fin de semana, finalmente, me decidí a apretar esa P invertida de la barra de tareas. Y, de un solo vistazo, salió todo a la luz. Sí, seguía siendo la misma historia, pero además era otra. O quizá la misma, con un sentido un poco distinto, pero no tanto. Quiero pensar que un sentido más natural. Un sentido que iré descubriendo poco a poco y que espero escribir sin dejarme nada en el tintero. Ahora, al menos, sé que ya no tengo nada que ocultar. Ahora, espero, las líneas llegarán hasta el final, ya no habrá más párrafos truncados y, sobre todo, ya no habrá más espacios duros.

Escuchando Karma Police en directo en un bar de Gracia.