Tierra 616

sábado, abril 01, 2006

Historias vendo y para mí no tengo (1 de 2)

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Este post (y los que sigan) van dedicados a JC, que iluminó el pasado fin de semana con su bendita presencia y al cual le debo una explicación, pero como ya se ha ido, deprisa y corriendo y de mala manera, esa explicación que le debo no se la puedo dar desde mi balcón como Pepe Isbert. Así pues, que sirvan estas líneas como jenuflexión ante su santa prudencia y sabidurencia, que yo nunca sabré imitar.

Y digo jenuflexión porque, por una vez, confesaré en público mis más íntimos pecados.

El caso es que desde que vine aquí me he visto en la tesitura de tener que volcarme hacia los demás, que no digo yo que no sea gratificante, pero agotador es un rato, y si encima uno tiende a la introspección con similar frecuencia que a la masturbación, pues se acaba como estoy yo ahora mismo: frustrado y derrengado.

Y es que durante estas semanas ha venido mucha gente de visita.


El primero fue Joatele: él venía a su fiesta zapas como corresponsal de su página web y como participante activo (¿?) de la misma. A la salida de dicha celebración fetichista no pude evitar fijarme en sus pantalones. Llevaba un chándal blanco que, una vez terminado el fregao, había acabado mancillado con lo que supuse era una pasta fanguinolenta, producto de los desechos del suelo y de otro tipo de fluidos más dulces. Tras cambiarse, me llevó al Martin’s, un sitio de osos y musculocas empastilladas de Gracia donde debo admitir que me aburrí soberanamente. Allí mi elaborado look de pijo estirado no tenía ningún sentido. Vamos, que ni siquiera la película porno que proyectaban en medio de la pista de baile consiguió elevar mi espíritu. Al final de la noche despedí a Jotaele con un sentimiento incierto, inseguro de si aquello había ido como se supone que tenía que ir, como un polvo mal echao, vamos.

El segundo fue Logan: él venía también como corresponsal, pero de una índole menos fanguinolenta. Tenía que cubrir Alimentaria, la feria gastronómica, también para su página web, pero en este caso por motivos profesionales. Quedar y hablar con Logan es siempre como volver a casa, con sólo mirar esa sonrisa y esa barba de tres días uno se siente a gusto y relajado. Las conversaciones, los paseos, todo me parecía que ocurría de la única forma que podía ocurrir, de la forma más natural. Y ésa es precisamente la forma en que ahora me apetece que ocurran mis cosas.

El tercero fue Jorge: recuerdo que la primera vez que hice mi entrada en esta ciudad fue con él; fueron unos días muy intensos aquéllos, y fue a raíz de esos días intensos, en cierto modo, el que yo haya acabado en BCN, y precisamente donde estoy ahora. El caso es que me hizo ilusión volver a ver a Jorge por aquí, porque, tras esa primera visita, siempre he asociado con él la ciudad. Me lo llevé de tapeos por el Borne, al Cangrejo y hasta a la Paloma, a ver pinchar a los Pinker Tones, que son la hostia puta para bailar con la sonrisa tonta. Yo no es por ser pesado, pero no dejo de repetirle que se deje de tonterías y se suba para acá de una vez. Y que me lleve a hacer nudismo a la Mar Bella.

Y el cuarto y último...

Bueno, el cuarto y último mejor lo dejamos para mañana, que tiene tela.

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