Tierra 616

viernes, junio 23, 2006

feliz falsedad

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El autoengaño es una habilidad evolutiva.

Ésa es la conclusión a la que había llegado el antropólogo que estaba hablando por la tele. Al engañarnos a nosotros mismos, decía, engañamos mejor a los demás. Y, al engañar mejor a los demás, logramos de manera más fácil lo que queremos de ellos.

Ni que decir tiene que, al oír esas palabras, a mi cabeza acudieron ciertas imágenes de mi pasado que prefiero obviar ahora para no convertir esto en otro post autocondescendiente, como los muchos que han llenado este blog hasta ahora. Tan sólo quisiera citar un fragmento del capítulo 71 de Rayuela, que viene a expresar lo que me ronda ahora mismo por la cabeza, cuando me preparo para quemarlo todo y dar la bienvenida a mi particular historia de verano.

«Puede ser que haya otro mundo dentro de éste, pero no lo encontraremos recortando su silueta en el tumulto fabuloso de los días y las vidas, no lo encontraremos ni en la atrofia ni en la hipertrofia. Ese mundo no existe, hay que crearlo como el fénix. Ese mundo existe en éste, pero como el agua existe en el oxígeno y el hidrógeno, o como en las páginas 78, 457, 3, 271, 688, 75 y 456 del diccionario de la Academia Española está lo necesario para escribir un cierto endecasílabo de Garcilaso. Digamos que el mundo es una figura, hay que leerla.»


Escuchando One Word, de Kelly Osbourne