Tierra 616

jueves, julio 27, 2006

CÁNDIDO

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ÉL: -He hecho algo que nunca suelo hacer.

YO: -¿Qué has hecho?

ÉL: -He mirado qué edad tienes en tu carné.

YO: -No te preocupes. No es algo que suela esconder.

ÉL: -Y lo peor es que, en lugar de callármelo, te lo he dicho.

YO: - Sí, eso no ha estado bien.

ÉL: -Pareces más joven de lo que eres.

YO: -...
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Me llevé a Laura a rastras al Salón de Cómic por pura curiosidad. Nunca había sentido la verdadera necesidad de ir a este tipo de saraos, pero ya que estaba en Barcelona, me parecía estúpido perder la oportunidad. El caso es que, aparte de asistir a la primera conferencia sobre cómic gay en nuestro país y de escuchar a Bill Sienkiewicz, mientras curioseaba por allá, entre otakus, autores y editoriales, fui a parar a una caseta en particular. Aquel día buscaba al chico más listo del mundo pero el encargado de la caseta me dijo que no se lo había traído al Salón, aunque si me pasaba por su tienda, lo podría encontrar. Me llevé su tarjeta y me despedí con una sonrisa. Eso fue hace casi dos meses.
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La noche del pasado domingo, tras ciertas disquisiciones con Olalla sobre mi teoría zen del autoengaño, me recomendó el cuento de Voltaire. Yo, cuando alguien desbarata mi sistema de creencias, suelo fruncir levemente la sien derecha, sin llegar a guiñar el ojo. Pues la noche del pasado domingo se me puso exactamente ese gesto. Y aún no se me ha quitado. ¿Acaso estoy cayendo, conscientemente, en algún tipo de conformismo? ¿O no es más que la solidificación conceptual de un estado de ánimo? ¿Debería echar por tierra cualquier tipo de creencia, aunque ésta se limite a negar todo objetivo vital que vaya más allá del aquí y ahora? Tengo lo que quiero, pero ¿quiero lo que tengo?
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Desde el domingo no he querido planteármelo, pero lo cierto es que tampoco he tenido tiempo de hacer otra cosa que “cultivar mi huerta”. El viernes terminé por fin los documentales y, después de pasar toda la mañana en la playa, dediqué la tarde a darme una vuelta por el centro buscando ese capricho (aún por determinar) que me merecía por toda una semana de trabajo. Aun sin haber entendido por qué precisamente aquel día, me había metido en el bolsillo la tarjeta que hacía dos meses tenía olvidada en el cajón. Tras dar una vuelta por las tiendas del Raval, por fin encontré la dirección de la librería de cómics.
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Sólo cuando salí de allí, con lo que estaba buscando aquel día en el Salón, me di cuenta de cuál era ese capricho que no sabía definir y que me había llevado hasta allí precisamente aquel día. El caso es que tengo al chico más listo del mundo aquí, a mi lado, aún envuelto en plástico. Y no me decido a abrirlo.
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Escuchando Please Sister, de The Cardigans

martes, julio 25, 2006

LA SOBACA SUECA


MI DISCO DEL VERANO

sábado, julio 22, 2006

EL CONTINUO

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Los que firman con una cruz es una obra de teatro a la que asistió Wittgenstein a los 21 años. El escritor Ludwig Anzengruber deseaba educar a las masas mediante sus obras, y muchas de ellas criticaban a la Iglesia. El protagonista de "Los que firman con una cruz" es un personaje llamado "Juan el picapedrero", un filósofo, un hereje. Éste es abandonado por sus vecinos durante una enfermedad y entonces recibe una revelación: "Tú formas parte del todo, y el todo forma parte de ti. ¡No puede ocurrirte nada!". Wittgenstein participó de esta revelación, y sería incorrecto pensar que se trató de una experiencia poco importante: "Ella me empujó a chocar con los límites del lenguaje, de igual modo que ha llevado a chocar con ellos, según creo, a todas aquellas personas que alguna vez han intentado hablar o escribir sobre ética o religión. Este chocar con los límites de nuestra jaula es una empresa que no tiene ningún porvenir".
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A veces estoy integrado en ese todo y formo parte de él. Camino por la calle una noche de verano y miro cómo mi mano atraviesa el aire como sin atravesarlo, como si no fuera más que una imagen totalmente ingrávida e intrascendente el que mi mano sea una cosa y el aire que la rodea otra cosa distinta. Todo es un continuo, mi mano, yo mismo y una noche de verano.
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Pero a veces no. A veces me desintegro en partículas gaseosas, casi gelatinosas (los seudópodos de Goethe) y me pongo a darle vueltas a las cosas, me sitúo fuera de mí mismo, aunque más que un cuerpo astral es una malla tentacular que de pronto se transforma en una nube de burbujas que me rodean y que me impiden ver más allá de mis narices.
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Sé que en esas ocasiones no formo parte de lo que me rodea, lo escabullo con estas artimañas del intelecto y sé que en esas ocasiones el aire a mi alrededor se empieza a quemar, las burbujas se funden a mi alrededor y en mi lugar se empieza a dibujar una silueta en blanco que rompe el continuo que me rodea. Una silueta llena de apuntes y borrones en blanco y negro que ni siquiera se encuentra en el mismo plano, sino en otro anterior, en la pantalla blanca en la que se proyecta ese continuo que me rodea y en la que, sin embargo, nunca llega a penetrar nada de lo que en ella se proyecta.

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“Pensar en el sentido de la vida es orar.
Creer en un Dios quiere decir ver que
con los hechos del mundo no basta.
Creer en Dios quiere decir ver que
la vida tiene un sentido.”


L.W.
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Escuchando Promesas, de Los Piratas

martes, julio 18, 2006

transparentes

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1930
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[30]
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No me interesa levantar una construcción,
sino tener ante mí, transparentes, las bases de las construcciones posibles.

lunes, julio 17, 2006

VOCES SUPERPUESTAS

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Con esto de estar todo el día traduciendo diálogos, se me está volviendo a mezclar lo que es real y lo que no. Ya sé que a estas alturas del partido da un poco igual una cosa que la otra, pero de vez en cuando conviene poner en claro cuáles son nuestras fuentes para no añadir a nuestro acervo particular sentencias ajenas y acabar repitiendo una y otra vez monólogos enteros para delirio propio y ajeno hasta que uno ya no sabe quién dijo qué. Y es que es ese sencillo mecanismo de asociación el que está llevando al mundo al desastre.
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Y como le pasa a todo el mundo, uno tiene palabras grabadas a fuego en la memoria. Y como también le pasa a todo el mundo, la mayoría de esas palabras llegaron a mis oídos a través de una pantalla, ya sea grande o pequeña. Puesto que, si me pusiera a ahondar debidamente en la fraseología catódica estaría escribiendo hasta mañana, limitaré este post a algunas de las perlas cinematográficas cuyos diálogos me conozco de pe a pa por el simple hecho de habérmelas visto más veces que el vídeo de Tachenko y el de la patatika juntos. Empezaré de atrás adelante por aquello de mantener el "misterio":
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5) El gran halcón

Corría el año 1991 y un Bruce Willis con pelo se plantaba en los cines españoles con una comedia de aventuras que los yanquis no acabaron de entender (...) y que no fue, pues, avalada por numeritos ni fanfarrias; en el cartel sólo aparecía un tipo con sombrero y una estúpida sonrisa. Poco prometedor, sobre todo teniendo como competencia al Chuache y compañía. Yo ésta me la vi en los multicines de rebote (sí, con 10 años uno todavía está bajo la dictadura de Cinesa) y, como los buenos libros, me fue gustando más con el tiempo. Especialmente por lo acertado de su doblaje, principal motivo de su inclusión en esta lista. Las mejores frases, las de Sandra Bernhard (Minerva Mayflower):
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“I’ve got the power.” (Destrozando la canción de Snap con unos walkman, espatarrada encima de la mesa de juntas de los Mayflower, poco antes de dominar el mundo.)
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“¡Habla de una vez, puta!” (Chillándole a una Andie MacDowell drogada perdida mientras ésta habla unos delfines imaginarios.)
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“¿Por qué estará el mundo lleno de idiotas así?” (Poniéndole morritos a Bruce Willis.)
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4) El club de la lucha
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Peli de culto que tardé en localizar pero cuyo guión me intrigó hasta tal punto que, además de incitarme a la lectura de varias novelitas del Palakniuk, me llevó a centrar en él un trabajo de adaptaciones traductoriles para la universidad (sí, aquello del “planeta Starbucks” que Eduard Norton recitaba al principio de la peli y que en 1999 España aún no llegaba a comprender en toda su magnitud; para que os hagáis una idea de lo inocentes que éramos, por aquel entonces se decía /estarbúks/). Bueno, el resultado de tanto estudiar la traducción de aquel guión tuvo dos consecuencias: 1) algunas de sus frases se me han quedado grabadas en la memoria de por vida, y; 2) esa investigación pasó –me enteré más tarde– a formar parte integrante de las clases de aquella asignatura. Sí, soy la violación de derechos de autor de Jack.
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3) Cuando Harry encontró a Sally
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La única película digerible de sus protagonistas. Un milagro de comedia de andar por casa que ya nunca se repetirá. También la vi con diez años, y también necesité otros tantos para saborear amargamente sus diálogos: las bragas del domingo, Sheldon, el señor Cero, el pastel de pacana... todo aquello nunca hubiera funcionado sin un doblaje tan certero y, sobre todo, sin unos dobladores tan cojonudos (tras ver la versión castellana, el original es de un soso que espanta).
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“Tú eres de las peores. Eres muy exigente pero te crees poco exigente.”
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“Lo pido como yo lo quiero.”
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(Meg Ryan y Billy Crystal debaten sobre sus distintas filosofías de vida mientras ven el final de Casablanca.)
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2) Días de fútbol
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La única peli española de la lista -obviando las más que manidas Átame y Mujeres al borde de un ataque nervios-. Una obra maestra que iguala y en ocasiones supera a cualquier despropósito de Berlanga (sigo esperando la siguiente de David Serrano). De ésta, recuerdo que la vi un 1 de enero, el mejor de los días para ver una comedia tan bestia, porque el cerebro no da para más. Brutal. Lo mejor -y lo peor- de todo es su fidelidad a la cruda realidad. Aquí no hay doblaje, claro, pero es que esto sería imposible de doblar (se estrenó en Inglaterra con subtítulos y, por supuesto, aquello no cuajó; que les den).
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“De verdad, que a veces me entran unas ganas de tomarme un whisky...” . (Natalie Poza, entre los sollozos de las dos pavas de la peli. La comprendo perfectamente.)
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“Le toqué las tetas por dentro.” (Frase que todo quinqui que se precie ha dicho en algún momento de su vida.)
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“Te-la-vas-a-follar. Te-la-vas-a-follar.”
(Frase que a todo quinqui que se precie le han dicho en algún momento de su vida.) .
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1) Misterioso asesinato en Manhattan
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La primera de la lista por méritos propios. La habré visto –sin exagerar– unas treinta veces. Tanto es así que recuerdo una anécdota (otra) que protagonicé en un curso con el autoproclamado gurú del subtitulado en castellano. Mira que no me gusta enmendarles la plana a los profesores, pero hay ciertos temas en los que es conveniente recurrir al argumento de autoridad (la mía, claro), y Woody Allen es uno de ellos. Una vez más, una maravilla de doblaje: voces continuamente solapadas, frases a medio terminar, diálogos sin ningún sentido, muletillas, aspavientos mil de la Keaton (cuyo vestuario anarquista no tiene desperdicio) y Woody repitiendo “es de locos” durante toda la película. Un clásico de la comedia moderna y un ejemplo magistral de adaptación lingüística.
Si tuviera que escoger unas cuantas citas de ésta, tendría que reproducir el guión entero, así que mejor descubrirla por uno mismo, o volver a verla, como pienso hacer yo.

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sábado, julio 15, 2006

achicarse

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25 de enero de 1915
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En los últimos días muy sensual. ----------
Trabajado sin resultados. Me encuentro completamente a oscuras
sobre cómo proseguirá mi trabajo. Sólo por un milagro puede tener éxito.
Sólo si DESDE FUERA DE MÍ me es quitado de delante de los ojos el velo.
Tengo que entregarme completamente a mi destino.
Lo que esté dispuesto acerca de mí, eso ocurrirá.
Vivo en manos del destino. (Lo único, no achicarse).
Y así no puedo achicarme.------------.

lunes, julio 10, 2006

CARBONIZADO

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Las mejores sensaciones suelen pasar a nuestro lado como una tenue brisa en medio del desierto. Son efímeras y no tienen ningún peso específico, pero abren una nueva vida junto a la nuestra. Se pegan un segundo a nuestras sienes y nos recuerdan que no somos otra cosa que seres primitivos. Necesitamos aire para sobrevivir.
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Supongo que todo se trata de apostar. Todos, en mayor o menor medida, dudamos un instante antes de dar un paso. Son esos segundos de los que habla la inteligencia intuitiva. Hoy hace justo dos semanas hablaba de esto mismo con JC en una terraza al lado del Macba mientras nos tomábamos el aperitivo, poco antes de bajar a la capital.
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Dos semanas después, me volví a tomar el aperitivo con JC, esta vez en Leganés, con un justo abatimiento físico y mental tras aguantar el desenfrenado páramo en que se han convertido nuestras vidas.
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Supongo que todo se trata de apostar, más que de ganar.
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Dos semanas de vagabundear por Madrid bajo la canícula estertórea de los tubos de escape, las cacas de perro, los maricas con bigote y la sobaca mora. Dos semanas de llegar arrastrándome a la misma tierra yerma que ya calcó Valle-Inclán con mucho más acierto del que él mismo hubiera querido. Porque volver no ha sido sólo Madrid, sino también mundial, papas y sanfermines, todo bajo un sol de injusticia que lo amarillea todo. Porque el naranja de este 2006 se pierde en un amarillo platanesco este mes de julio (el siete es amarillo, claro). Justo este mes de julio, en el que el vórtice de milyún planes y obligaciones se me ha juntado detrás de la coronilla, como si me tiraran de esa coleti que a nadie acaba de gustar y que por eso mismo voy a dejar crecer.
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Pero volver también ha sido cañismo sano por La Latina, pinchismo en el Ñeru, orgullo aglutinante por Chueca, risas incontenibles en el metro, máscaras mejicanas en Popland, borrachismos trasnochados en Leganés, barbacoas interminables en Toledo, escenas costumbristas en Móstoles, muchas miradas efervescentes y yo, como siempre, perdiendo los papeles (literalmente, también como siempre).
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Así que nuestras vidas, dos semanas después, se habían convertido en un páramo desenfrenado en el que seguía sin haber tiempo para pensar, tan sólo para dudar un instante, antes de dar un paso, cruzar la línea donde termina la sombra y salir a la calle a carbonizarse bajo el sol, apostando por esa tenue brisa que abre una nueva vida junto a la nuestra en este infierno negro que nos consume.
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Escuchando I Need Some Fine Wine And You, You Need To Be Nicer, de The Cardigans

domingo, julio 02, 2006

sencillamente

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2 de enero de 1915
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Anteayer por la tarde me enteré de repente de que
tenía que salir inmediatamente para Viena con mi
comandante. Ayer por la mañana temprano llegamos
aquí a Viena. Comprensible e inmensa sorpresa y
alegría de mamá, etc. Ayer no trabajado nada, sino
dedicado sencillamente a mi familia. Hoy por la mañana,
compras. Ahora, a mediodía, estoy aguardando a XXX,
con el cual tengo que resolver asuntos oficiales.
Sólo quiero anotar que mi estado moral es ahora
mucho más bajo que, por ejemplo, en Pascua.