Tierra 616

sábado, septiembre 30, 2006

ARE YOU GAY?

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viernes, septiembre 29, 2006

LAS REGLAS DEL JUEGO

«Decide hacer de sí misma un objeto, una herramienta; Klemmer deberá decidirse a utilizar este objeto. Erika presiona a Klemmer para que lea la carta y en su interior le ruega que, una vez que la haya leído, ignore su contenido, por favor. Aunque sólo sea porque lo que él siente es verdadero amor y no simplemente el resplandor que rebota en los colchones. Erika evitará a Klemmer si él se niega a utilizar la fuerza con ella. Pero se sentirá feliz con su cariño, que excluye utilizar la violencia contra el objeto de su amor. Sin embargo, sólo con violencia podrá apropiarse de Erika. Ha de amarla hasta el punto de entregarse a sí mismo, entonces ella lo amará hasta la negación de sí misma. Uno al otro se ofrecen sin cesar pruebas bien documentadas de cariño y entrega. Erika espera que Klemmer jure prescindir de la violencia, por amor. Erika se negará, por amor, y exigirá que se cumpla lo que pide detalladamente en la carta, pero espera de todo corazón no verse sometida a lo que pide en la carta.»

jueves, septiembre 28, 2006

INCUNABLES (ii)


The Uncanny X-Men n.º 177
Enero de 1984
Marvel. 60 cents.

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martes, septiembre 26, 2006

PIENSA MAL

Piensa que nada de lo que te dije es cierto. Piensa que ninguna de las palabras con las que tan generosamente te regalé los oídos significa nada para mí. Piensa que todo forma parte de mi forma de ser. Piensa, también, que al fin y al cabo ése es mi oficio. Piensa que, a pesar de todo, lo hice con la peor de las intenciones. Piensa, sobre todo, que soy un cabrón. Pero piensa también que yo nunca te dije lo contrario.

Piensa que tú tenías razón y que jamás deberías haberte acercado a mí. Piensa que las reticencias que albergaste desde el principio eran ciertas y que nunca debiste desecharlas. Piensa que estabas en lo cierto cuando dijiste que en estas cosas es mejor ser cauto que insensato. Piensa eso. Piensa que cada SÍ fue una falsa promesa, cada NO, un ultraje y cada silencio con el que te agasajé fue otra forma de mentirte. Piensa que toda la culpa es mía por obligarte a creer lo que nunca te dije.

Piensa que el culpable soy yo por no plegarme a tus deseos, a pesar de que, después de darte cuenta de que nunca llegaría a adivinarlos, me los repitieras una y otra vez. Piensa que todos mis vanos intentos por satisfacer esos deseos nunca llegaron a ser sinceros. Y piensa que en realidad nunca tuve intención de hacerlo. Piensa, entonces, que nunca llegaste a conocer mis verdaderas intenciones, que mis palabras nunca dieron respuesta a tus inquietudes y que en realidad no sabes nada de mí. Piensa, al fin y al cabo, que no te dispensé un trato más afectuoso que el que me permite la mera condescendencia.

Piensa que ésa es mi naturaleza y que jamás podría darte lo que tú necesitas, aunque lo que tú necesitas no sea nada del otro mundo, de verdad. Piensa que todo eso es cierto y que no merezco ni una lágrima de alguien como tú. Piensa eso, por favor. Piensa que todo el daño que te hice lo hice con la peor intención, pero que, en el fondo, no podía evitarlo. Piensa que yo soy el escorpión y tú eres la rana. Piensa eso, porque si piensas eso, acertarás.

sábado, septiembre 23, 2006

TOC, TOC

jueves, septiembre 21, 2006

LIOFILIZADO

Estos días no me quito de la cabeza a Jack, uno de los chicos de la Pandilla Poder. A Jack se le había concedido el curioso don de alterar la densidad y la masa de su cuerpo a voluntad. Su principal habilidad –al menos, la más explotada en la extrañamente poco exitosa serie de cómics que le dedicaron al grupo en los ochenta– era la de expandir su masa para adquirir una forma gaseosa hasta convertirse en una nube de dimensiones gigantescas. Mientras permanecía ese estado de intangibilidad no podía apresar ningún objeto sólido y, aunque solía mantener una forma humana, no tenía por qué, puesto que podía alterar su apariencia y adoptar el aspecto que desease. Pero Jack también era capaz de emplear ese poder a la inversa. Tan sólo tenía que reducir el espacio que separaba las moléculas de su cuerpo para encogerse hasta adquirir un tamaño de tan sólo unos centímetros. De este modo, su cuerpo comprimía su masa pero conservaba todo su peso, dotándole de una solidez que le hacía prácticamente invulnerable.
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Y digo que no me lo quito de la cabeza porque, sin darme cuenta de ello, desde hace unos días he ido comprimiéndome progresivamente hasta concentrar dentro de mí toda la masa que en algún momento dejé escapar y que había llegado a rodear completamente mi forma humana, cual polvorosa y persistente nubecilla. Tanto es así que estoy empezando a percibir cómo, poco a poco, una tensa dureza va haciendo presa de mis otrora flaccidas articulaciones, mis maxilares se contraen hasta inflamarse y todo empieza a darme literalmente vueltas. Y yo sin mi biodramina.
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Ganas de matar aumentando...

martes, septiembre 19, 2006

INCUNABLES (i)


DAZZLER N.º 2
Noviembre de 1981
Ediciones Vértice. 90 ptas.

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lunes, septiembre 18, 2006

«QUERIDO JOTAELE:

Me mola mi amigo. Y creo que él lo sabe. Bueno, no lo sabe. Pero sí que se lo tiene que imaginar. No es que a mí estas cosas se me noten mucho, suelo ser más bien frío en estos temas. Pero hay momentos en que pienso que todas las cosquillas que siento en el pecho cada vez que le veo, aunque sea en una foto –que es cuando más cosquillas siento, porque si no le tengo delante, no he de fingir que no pasa nada–, tienen que salir por alguna parte. Y es entonces cuando no puedo mirarle a los ojos, porque si le miro, aunque sea como amigo, sé que alguna de esas cosquillas se me escapará por el rabillo del ojo o me brotará por la comisura de los labios, como si fuera un gas que no he sabido contener o esperar a otro momento, cuando él ya no esté delante de mí, para expulsar educada y discretamente. Y sé que a él se le quedaría exactamente la misma cara que si esas cosquillas fueran unos apestosos gases inoportunos. Será un momento incómodo, no grave ni serio, pero sí profundamente incómodo. Él no sabrá dónde mirar y yo tendré que agachar la cabeza rápidamente, aunque ya sepa que él se ha dado cuenta de que en realidad no son gases. No lo son en absoluto.

Mi amigo tiene novia y a mí me parece bien que la tenga. Ellos se quieren mucho a su manera, y a mí me gusta que sea así. El problema es que a mí me sigue gustando. Me gusta tanto que cada vez que estamos cerca y le miro, me da la sensación de que el espacio que hay entre nosotros en ese momento es de un material elástico del que puedo tirar para traerle hasta mí. Cuando eso pasa, sólo existe su cuerpo, ese espacio, y el mío. No me importa nada más. Y sé que eso significa que me atrae, porque ya me pasó otra vez con un tío con el que me enrollé en una discoteca, y tiene que ser eso.

Una vez estuve a punto de decírselo. Era tarde y los dos estábamos borrachos. Lo pensé durante unos minutos, mientras hablábamos sobre cualquier banalidad sin importancia, ya no me acuerdo. Era de madrugada, y estábamos sentados en un banco, en medio de una calle totalmente desierta, a la luz de las farolas de mi barrio-ciudad. Lo pensé tan detenidamente que para cuando ya me había decidido y se lo iba a decir, la conversación ya había terminado y nos estábamos despidiendo. De eso hace ya mucho tiempo. Desde entonces he tratado de no pensar en él. He puesto tierra de por medio, me he mudado de ciudad, he tenido más amigos y amantes, pero todavía me pasa que cada vez que le veo en una foto se me salen las cosquillas del pecho y me imagino lo que sería estar abrazado a él para que también pudiera sentirlas.

Un abrazo,

J.»

sábado, septiembre 16, 2006

MI PERFIL MALO


Eso es lo que me han dicho últimamente. Como siempre, JC tiene la culpa de todo.

viernes, septiembre 15, 2006

LELO

Lo soy. Siempre lo he sido y siempre lo seré. Voy por la calle oliendo el aroma de las flores y poniéndoles caras a los bebés. Aun cuando intento dar una imagen de perfecta seriedad y dejar ver un espíritu que solamente se deja acariciar por las más delicadas sutilezas, al final siempre se me acaba cruzando alguna que otra musaraña que me hace tropezar.

Al lelo se le cae la baba con cualquier estupidez, se sorprende a cada paso y hay que repetirle cien veces las mismas cosas. El lelo no entiende de doctrinas, de programas ni de credos, aunque si se le tuviera que encasillar, se podría decir que él que es más inductista que deductista, más ácrata que autócrata y más panteísta que monoteísta.

Lelo significa no pensar en nada, quedarse continuamente en blanco, no tener ni primeras ni segundas intenciones, existir por el mero hecho de hacerlo. Soy lelo porque cuando hablo contigo no estoy haciendo la lista de la compra. Porque conmigo las cosas serán de una sola manera. Porque si te digo algo no he estado pensando antes si sería la verdad.

Por eso no entiendo por qué desconfías de mí. Pero si eso es lo que quieres, al menos te voy a dar motivos. Así tu vida será como tú te la esperas.

jueves, septiembre 14, 2006

ESTOY LISTO

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miércoles, septiembre 13, 2006

AYER

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26.
Merci a todos

domingo, septiembre 10, 2006

REGRESO AL FUTURO

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Yo estaba acostumbrado a vivir de esos tibios efluvios con los que se acarician vidas inefables, lujurias desmedidas y tragedias más bien acartonadas, para qué nos vamos a engañar. Mi mente era un gigantesco teatro hecho de retales. Retales que fui zurciendo bajo sábanas raídas, en cafés deshabitados y parques astillados de un ocre casi antropófago. Recorrí paisajes ajenos al mundo, escenarios predispuestos para una lenta y sincera melancolía. Con esos retales me encogí dentro de mí mismo para erigir un teatro fuera del tiempo y del espacio, una pantomima dispuesta exclusivamente para mi propio deleite, un limbo de ficciones interminables en el que yo no era más que un espectador fingidamente casual. Era, sin duda, una coraza forjada a partir de un desencanto que me atenazaba a cada paso, un cierto miedo a enfrentarme a lo que sabía inevitable: el futuro.
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Ahora me ha dado cuenta de que el futuro no existe. Sólo existe una palabra, un triste guiño, una forma verbal que designa una nada absoluta, un subjuntivo cuya naturaleza irreal pretendemos desvirtuar. Nada de lo que tenemos por seguro nos garantiza que cualquiera de nuestras mejores expectativas, nuestros más íntimos deseos o nuestros peores miedos se vayan a cumplir. Por mucho que nos empeñemos en ello, no hacemos más que superponer planos –expectativas, deseos, miedos– sobre un material demasiado escurridizo para ello. Y, si se piensa bien, hasta resulta sonrojante querer cubrir la vida con esa gasa raída por los tibios efluvios de nuestras presunciones.
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No hay más que ver cómo le va a Wanda Maximoff. Wanda tiene el poder de tomar una de la miríada de posibilidades ante la que se abre el presente a cada paso e imponerla al resto de futuros posibles. Tanto ella como sus sufridos compañeros Vengadores han sido testigos demasiadas veces de los resultados de semejante poder. Sin embargo, los devaneos de Wanda con el mismo tejido de la realidad son más que comprensibles; a todos nos puede entrar esa extraña nostalgia de lo que no existe, de lo que aún no ha pasado, la nostalgia del futuro. Es un sentimiento que los poetas llevan cantando desde el mismo nacimiento de la Humanidad. Es, supongo, la más amarga y necesaria proyección del ser humano. Un tibio equilibrio entre el sentido pesar por el pasado y las tímidas esperanzas en el futuro. No sé si es ésta la mejor forma de decirlo (hay otras), pero ha sido precisamente la ausencia de esa nostalgia la que me asaltó una de estas tardes de finales de agosto y principios de septiembre. Por primera vez en mi vida.
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Toda mirada es un engaño.
Una mirada verdadera
Tendría que quedarse en lo mirado
O ser por lo menos el riego
Que lo alimentara y lo hiciera crecer.
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Todas las cosas esperan esa mirada.
Y si todo espera algo,
¿puede no existir?
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Tal vez cualquiera de nuestras miradas
Podría convertirse en aquella que las cosas esperan,
Si fuéramos capaces de desprendernos de ella
Como quien da un pan.
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Roberto Juarroz
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PD: A todo esto, yo tenía la intención de dar buena cuenta de las idas y venidas de este pasado mes de agosto, pero como durante un par de semanas se me ha negado ese derecho inalienable de todo ser sintiente occidental que es el Internet, daré por zanjado ese capítulo diciendo tan sólo que Barcelona en agosto es tierra de turistas: accidentales, intencionales, primerizos, reincidentes, culturales, playeros y sexuales. Y yo les acogí a todos. A todos. Y a algunos, claro, me los follé.