Tierra 616

jueves, octubre 19, 2006

CLASIFICADOS


Una tarde de otoño en Ecclesall Road, le dije a alguien que yo no escribía para comunicar nada. No quería transmitirle nada a nadie, porque, para empezar, para eso hay que saber lo que se quiere decir y si de algo estoy seguro a estas alturas es de no sé qué decir. Nadie lo sabe. Y los que lo saben se engañan. O peor aún, les han engañado. Que el lenguaje crea pensamiento, sobra decirlo. Que sus estructuras nos amarran al muelle de la convención lo sabemos todos. Que esa convención sea necesaria, es lo que me enciende de rabia. Dilo, qué, pero dilo así. Presentaciones, exposiciones, argumentaciones, demostraciones, narraciones, descripciones, enumeraciones. Estrategias comunicativas, herramientas lingüísticas, enfoques semióticos, pragmática del discurso. Nos arrebataron el cómo, nos desposeyeron de él como si nunca hubiera sido nuestro, fue una paulatina y elegante alienación de las formas. Todo ello en aras de la comunicación. Le pusieron normas y decálogos y ahora venden manuales. Por eso yo ya no transmito nada, porque aunque supiera qué decir, no sabría cómo hacerlo, ya me han robado la forma, ya no la quiero. Una tarde de otoño en Ecclesall Road, le dije a alguien que yo sólo quería expresarme. Que si escribía era para eso y para nada más. Que una vez me supe caído en la trampa de sus normas y casi pierdo el juicio. Toda una vida enjaulado y ahora que estoy libre, resulta que les tengo que comprar los barrotes. No quiero soberanos, tan sólo aliados.