Tierra 616

lunes, febrero 26, 2007

TIERRA CERO

Dos besos. Después del comienzo más prometedor de los últimos meses. Después de horas de risas empapadas en cerveza. Después del primer beso en el balcón. Después de una seducción en toda regla. Después de una navidad de ilusiones y esperanzas. Después de la primera excusa. Después de la primera negativa. Después de semanas de espera. Después de un reencuentro de todo menos casual. Después de acceder a vernos. Después de tres horas de película, va y me da dos besos.

De vuelta a casa, con las manos en los bolsillos y el paso airado, la estupefacción inicial degeneró en un enfado que nada tenía que ver ni con él ni conmigo, sino con la estúpida idea de los dos juntos. La idea de un territorio común. Un territorio aún desconocido para mí, pero que ya había cercado con una inmaculada valla blanca. A partir de ahora, no habrá argumento para mis historias, nada de pistas para el espectador, ninguna base firme sobre la que caminar, ningún atisbo de luz en el pasillo, ningún apoyo entre las cortinas rojas. A partir de ahora, no habrá ideas, sólo instinto. Y conejos, muchos conejos.




sábado, febrero 17, 2007

BANG BANG

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jueves, febrero 15, 2007

SE BUSCA

Píxel 167, 110. Visto por última vez hace dos meses junto a la comisura de los labios, tras una perfecta noche de seducción, conversación y sexo. Es pequeño, pero de un gran valor sentimental. Responde al aliento cálido y al humor negro. Si cree que puede encontrarlo, por favor, deje aquí su nombre y número de teléfono, y me pondré en contacto con usted tan pronto me sea posible.



viernes, febrero 09, 2007

HÉROES

Era inevitable. Desde el momento que vi los carteles por la calle, me picó la curiosidad. Y he caído. Dos episodios y ya estoy enganchado: superpoderes, expertos en genética, augurios catastróficos, violaciones del continuo espacio-temporal y hasta una referencia a Kitty Pryde. Lo mejor para estos días de frío y lluvia. Y con emule, mejor todavía.

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miércoles, febrero 07, 2007

LECHE MANCHADA

Nadie es quién para dar consejos. Y éste es el mejor consejo que puedo dar. Por mucho que me lo pidáis, ya no daré ninguno más. Ni uno sólo. ¿Que por qué? Pues por muchas razones. Algunas de ellas vienen al caso y otras no. Así que, a falta de consejos, os daré una de esas razones. Resulta que hace unas semanas oí a cierto guionista hacer unas curiosas declaraciones. Este ínclito literato venía a decir que tanto el cine como la literatura eran puramente dogmáticos, que todo lo que proponían se basaba en el final, que sin final ni una película ni una novela tenían sentido, que había que esperar hasta la última frase, hasta los créditos finales para que se nos revelara a cuento de qué venía todo aquello. Los consejos comparten con cine y literatura ese mismo dogmatismo. Y por consejos entiéndase tanto la ampulosa conclusión de un post como la melosa voz en off de Anatomía de Grey. Huelga decir que tanto una como la otra no son sino una pobre edulcorización de las mencionadas artes. Así pues, no daré más consejos, pero tampoco los recibiré. Yo, como el joven Törless, he alcanzado un estado en el que la moral no tiene cabida. Desde donde estoy, el sentido de un consejo se me antoja tan innecesario como el propio consejo. El valor que proponen me parece irrelevante porque el tiempo ha abandonado su lugar como concepto. He vuelto, de alguna manera, a mis días de prepúber. Por aquel entonces, me pasaba las tardes de invierno tirado en la moqueta de la habitación de mi hermano con un par de cómics y una taza de Nesquick, escuchando sus discos mientras él se iba a entrenar. Por aquel entonces -afortunadamente- yo no sabía inglés y el mensaje de aquellas canciones sobrevolaba dulcemente mi inocente cabecita. Lo único que recuerdo de aquellas tardes es la sensación de ilimitado bienestar que me producía estar ahí tirado, escuchando una y otra vez las mismas canciones, sin esperar ningún sentido, sin temer ningún final.






Por cierto, si a alguien se le ocurre una buena traducción para esto, que me la diga.

sábado, febrero 03, 2007

IMPERIAL

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viernes, febrero 02, 2007

AND WHAT ALICE FOUND THERE

Por fin sé lo que no funcionaba. Aunque hacía tiempo que sospechaba que no me pasaba nada clínicamente demostrable, los síntomas aún persistían. Puesto que mi chequeo médico no había revelado ninguna patología, todo hacía pensar en el síndrome del dedo roto. Desde Navidad vine siguiendo la terapia prescrita para estos casos de hipocondría, pero el malestar no hizo más que agudizarse. Ser consciente de que las pulsiones de dolor provenían de mi mente intensificó ese dolor. No sólo dolía, sino que además la culpa era mía. Pero estaba en un error. El dolor no provenía de mi dedo. Mi dedo está, y siempre ha estado, perfectamente. El dolor provenía de dedos ajenos. De dedos que, hace mucho tiempo, fueron describiendo sobre mi cuerpo dolencias, síndromes y anomalías que, más tarde descubrí, no eran tales. Aquellos dedos rotos que con tanto amor se habían posado sobre mi suave y tersa piel infantil dejaron su huella para siempre. Hoy, por fin, me han hecho ver esas huellas bajo una luz fluorescente, una luz que ha revelado que esas huellas no me pertenecen, nunca me pertenecieron. Aunque hayan marcado mi vida, esas huellas no son mías. Y tengo que borrarlas.