Tierra 616

viernes, marzo 30, 2007

LA PUTA AMA DE LA CASA DEL VINO

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UNA TEMPORADA EN EL INVIERNO

Eso es lo que me hace tan torpe. La ausencia de ganas. Ganas de amar. Ganas de amor.
Siempre que me viene la astenia propia de esta época, me da por acordarme de ese episodio de Futurama en el que Fry se lo monta con el robot de Lucy Liu. Cuesta pensar que somos así de básicos. Uno tiende a resistirse a ello, aunque no sea más que por darle a nuestra vida una motivación superior, que el mundo gira por algo más grande que lo que tenemos entre las piernas, por mucho de Donnie diga lo contrario. Pero lo cierto es que, a falta de pruebas tangibles, las respuestas habituales a ese algo «más grande» suelen quedarse en meras hipótesis basadas única y exclusivamente en la necesidad de fe. Y como ya tengo más que comprobado que lo de la fe no es lo mío, cuando me ataca esta astenia asesina, yo también acabo montándomelo con mi robot de Lucy Liu en el Salvation. Y, claro, así a uno se le acaban quitando las ganas de todo. De todo, menos de que empiece de una vez la verdadera primavera.



martes, marzo 27, 2007

MUNCHAUSEN

«El síndrome de Munchausen por poderes es una forma de abuso infantil en la que uno de los padres induce en el niño síntomas reales o aparentes de una enfermedad. Normalmente, la madre. Es un trastorno difícil de tratar en los padres y del cual se tiene poca información sobre los mejores tipos de cuidados y sus resultados. Generalmente, requiere años de apoyo psiquiátrico. Los niños pueden requerir atención médica para tratar las lesiones recibidas y atención siquiátrica para manejar condiciones como la depresión o la ansiedad que puedan ser provocadas por el abuso. Algunos niños pueden morir de infecciones o de otras lesiones infligidas por los padres que sufren este síndrome. Hay muchas formas de maltrato, pero ninguna tan irreprochable como la del Munchausen por poderes. La búsqueda de la curación del ser querido, de su salvaguarda, de su bienestar físico, y a veces incluso espiritual, suele ser digna de elogio. Es frecuente hacer gala de ella en público y convencer al entorno más próximo de su necesidad. Es ese apoyo social el que permite y tolera los padecimientos de la víctima, que no encuentra a quién acudir en busca de ayuda. Tampoco puede poner reparos a su sufrimiento, puesto que suele venir infligido por una autoridad médica contrastada válida a todas luces. El apoyo social y la autoridad médica, es decir, docta, generan en la víctima un proceso mental que, en la mayoría de los casos, termina con la autoestima de ésta. El convencimiento de que él no está enfermo choca frontalmente con las opiniones, primero del propio enfermo de Munchausen -normalmente la madre-, y luego con el entorno social y clínico del que éste se ha hecho rodear. La confianza de la víctima suele verse mermada en la misma proporción en que su percepción de la autoridad cobra fuerza. Una vez abandonada la resistencia al tratamiento, la víctima del Munchausen por poderes se somete a unos procedimientos médicos por los cuales llegará a un estado deseable de salud. Este planteamiento, además de dejar clara la premisa de que el estado natural de la víctima era insano, socava los mismos principios de realidad de ésta, cuya seguridad en sus propias percepciones ya no volverá a ser la misma.»





jueves, marzo 22, 2007

OUTDOOR EVENTS

Época de confirmaciones estivaleras y festivaleras. De momento, al Contempopránea van los de la foto y unos cuantos más. Lo del Summercase, aunque bastante más caro, este año tampoco tiene mala pinta, aunque con grupos con tanto tirón ahora mismo, no se descarta la muerte por aplastamiento.

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lunes, marzo 19, 2007

DABUTEN

Mi proyecto de investigación: los recursos expresivos en el doblaje de House M.D. Por cierto, que por estos lares lo de «dabuten» no se estila nada y cada vez que lo ven por la tele les debe de sonar a centralismo puro y duro.

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domingo, marzo 18, 2007

INCUNABLES (vi)

Ya han pasado unos cuantos años desde que la vi en el Festival de Cine Alemán de Madrid, y muchos más desde que leí la novela, pero nunca es tarde para recuperar a Törless. Benditas sean las ediciones en deuvedé, que dan de comer a los subtituladores y llenan las estanterías de los cinéfilos.

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SINGING STAR

Supongo que la culpa de todo es de Andy Kubert. Bueno, de él y de un tal Lobdell que «pasaba por allí». Ellos fueron dos de los referentes (entre otros) con que los marvelitas de los noventa tuvieron que bregar en su sufrida devoción por los muties. Y con «bregar» quiero decir sufrir y padecer mes a mes hasta crear auténticos rituales de flagelación narrativa. Lo curioso fue que, debido al boom comiquero de aquellos años (nada que ver con el actual), las ventas se vieron apoyadas por unos tiernos neófitos en la materia, aún faltos del criterio necesario para rasgarse las vestiduras ante los males que, a todas luces, estaban azotando a la franquicia mutante bajo la dictadura bicéfala de semejantes elementos. Saga tras saga, especial tras especial, entre los veteranos se iban repitiendo las mismas caras de resignación ante aquel despropósito de tórridas y ampulosas viñetas totalmente gratuitas, «momentos tejado» y saltos de cama estilo canesú. Ya no recuerdo en qué momento exacto dejé de comprar cómics, lo que sí recuerdo es que antes de hacerlo, en medio de aquella retahíla costumbrista de andar por casa, tuvo lugar una de las épocas más activas en lo que a mi producción artística se refiere. Espoleado unos inenarrables flequillos al viento y unas descoyuntadas posturas coñette, empecé a dibujar como nunca antes lo había hecho. La premisa: si Andy era capaz de dibujar aquello y recibir dinero a cambio, aún había esperanza para mí. Reconozco que en más de una ocasión ha sido esta premisa un tanto mezquina la que me ha motivado a emprender nuevos proyectos, proyectos que, por otra parte, lamentablemente siempre acababa dejando a medias. Y, si bien es cierto que muchas veces esto se suele achacar a la falta de constancia, ése no es mi caso. No, mi caso es distinto. Mi caso es el de un niño que se pasó media infancia hablándole al cuello de la camisa. Que no era tímido, era «callado». Que ni siquiera podía aguantarles la mirada a los demás mientras les hablaba. Ése era mi caso hasta que la vida me fue mostrando a todos los Andy Kuberts que pululaban por el mundo. Gente sin nada que decir, pero que sin embargo lo decían. El tipo de personas que cortan tu frase elevando su voz por encima de la tuya y luego se quedan calladas pensando lo que van a decir, que normalmente no es mucho. El tipo de personas que quieren su espacio y el de los demás para llenarlo de coñettes y flequillos al viento. Por desgracia Barcelona está lleno de ese tipo de personas, diseñadores, publicistas y noias de voz grave y sentenciosa que tienen la mala suerte de tomarse en serio a sí mismas. No sé, supongo que es cierto eso de que los traductores son somos más anales que orales, que son somos animales de cuarto oscuro, más que de escenario. Supongo que nosotros escribimos el texto y son otros los que lo interpretan. Pero no sé, últimamente estoy comprobando que a veces merece la pena intentar superar el pánico escénico e interpretar nuestros propios textos. No sea que venga un Andy Kubert cualquiera y nos lo llene todo de coñettes.

lunes, marzo 12, 2007

ENTREACTOS II

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sábado, marzo 10, 2007

ENTREACTOS

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viernes, marzo 02, 2007

YO YA HE ESTADO AQUÍ

A lo largo de mi corta vida, he tenido muchas rupturas. Pero ninguna había sido feliz. Hasta ahora. También es cierto que en la mayoría de ellas, la parte activa en el proceso de deshacer lo que quiera que fuera que se hubiera hecho, había sido yo. Quizá por eso esta vez ha sido diferente. Quizá porque esta vez el empeño en negar lo evidente venía de mi lado de las trincheras. Por eso cuando ya no he tenido que negar lo evidente, lo evidente se me ha hecho inexistente. Y es entonces cuando me ha surgido la inevitable pregunta. ¿Cómo es posible que haya podido ocupar un espacio inexistente durante todo este tiempo? Y, como siempre ocurre en estos casos, la respuesta estaba en la pregunta. En realidad, esos espacios que proyectamos conjuntamente con los demás (es decir, que nos figuramos secretamente sin revelárselos a aquéllos que los habitan), siempre han estado allí. Aunque los personajes varíen, el escenario siempre es el mismo. Son como pequeñas casitas de muñecas con su saloncito de té, su rincón abuhardillado, su inmaculada valla blanca y hasta su cuarto de las cucarachas. Pero esos espacios, también, son como muletas en las que nos apoyamos para llegar a nuestra meta, la hipoteca a plazos de nuestra particular casita de muñecas. Pero decía que ésta ha sido una ruptura feliz. Y eso ha sido porque yo no estoy ni cojo ni tengo hipotecas. Esta ruptura ha sido como cerrar una puerta tras de mí. Pero de un portazo. De un portazo de tal violencia que toda la puta casa se ha derrumbado sobre sí misma. Ya no tengo donde volver.