Tierra 616

martes, marzo 27, 2007

MUNCHAUSEN

«El síndrome de Munchausen por poderes es una forma de abuso infantil en la que uno de los padres induce en el niño síntomas reales o aparentes de una enfermedad. Normalmente, la madre. Es un trastorno difícil de tratar en los padres y del cual se tiene poca información sobre los mejores tipos de cuidados y sus resultados. Generalmente, requiere años de apoyo psiquiátrico. Los niños pueden requerir atención médica para tratar las lesiones recibidas y atención siquiátrica para manejar condiciones como la depresión o la ansiedad que puedan ser provocadas por el abuso. Algunos niños pueden morir de infecciones o de otras lesiones infligidas por los padres que sufren este síndrome. Hay muchas formas de maltrato, pero ninguna tan irreprochable como la del Munchausen por poderes. La búsqueda de la curación del ser querido, de su salvaguarda, de su bienestar físico, y a veces incluso espiritual, suele ser digna de elogio. Es frecuente hacer gala de ella en público y convencer al entorno más próximo de su necesidad. Es ese apoyo social el que permite y tolera los padecimientos de la víctima, que no encuentra a quién acudir en busca de ayuda. Tampoco puede poner reparos a su sufrimiento, puesto que suele venir infligido por una autoridad médica contrastada válida a todas luces. El apoyo social y la autoridad médica, es decir, docta, generan en la víctima un proceso mental que, en la mayoría de los casos, termina con la autoestima de ésta. El convencimiento de que él no está enfermo choca frontalmente con las opiniones, primero del propio enfermo de Munchausen -normalmente la madre-, y luego con el entorno social y clínico del que éste se ha hecho rodear. La confianza de la víctima suele verse mermada en la misma proporción en que su percepción de la autoridad cobra fuerza. Una vez abandonada la resistencia al tratamiento, la víctima del Munchausen por poderes se somete a unos procedimientos médicos por los cuales llegará a un estado deseable de salud. Este planteamiento, además de dejar clara la premisa de que el estado natural de la víctima era insano, socava los mismos principios de realidad de ésta, cuya seguridad en sus propias percepciones ya no volverá a ser la misma.»