Tierra 616

viernes, marzo 02, 2007

YO YA HE ESTADO AQUÍ

A lo largo de mi corta vida, he tenido muchas rupturas. Pero ninguna había sido feliz. Hasta ahora. También es cierto que en la mayoría de ellas, la parte activa en el proceso de deshacer lo que quiera que fuera que se hubiera hecho, había sido yo. Quizá por eso esta vez ha sido diferente. Quizá porque esta vez el empeño en negar lo evidente venía de mi lado de las trincheras. Por eso cuando ya no he tenido que negar lo evidente, lo evidente se me ha hecho inexistente. Y es entonces cuando me ha surgido la inevitable pregunta. ¿Cómo es posible que haya podido ocupar un espacio inexistente durante todo este tiempo? Y, como siempre ocurre en estos casos, la respuesta estaba en la pregunta. En realidad, esos espacios que proyectamos conjuntamente con los demás (es decir, que nos figuramos secretamente sin revelárselos a aquéllos que los habitan), siempre han estado allí. Aunque los personajes varíen, el escenario siempre es el mismo. Son como pequeñas casitas de muñecas con su saloncito de té, su rincón abuhardillado, su inmaculada valla blanca y hasta su cuarto de las cucarachas. Pero esos espacios, también, son como muletas en las que nos apoyamos para llegar a nuestra meta, la hipoteca a plazos de nuestra particular casita de muñecas. Pero decía que ésta ha sido una ruptura feliz. Y eso ha sido porque yo no estoy ni cojo ni tengo hipotecas. Esta ruptura ha sido como cerrar una puerta tras de mí. Pero de un portazo. De un portazo de tal violencia que toda la puta casa se ha derrumbado sobre sí misma. Ya no tengo donde volver.