Tierra 616

martes, mayo 29, 2007

HOLIDAYS

Es raro pensar que éstas serán mis últimas vacaciones. Y es que, en cierto modo, llevo muchos más años de los que podría confesar fuera de casa. No me refiero a una ubicación física, sino, como dicen los yanquis, al «lugar donde está el corazón». Y es que, en cierto modo, mi corazón lleva muchos años de vacaciones. Vacaciones forzadas, pero vacaciones. Quizá por eso no he dejado de perseguirlo. Es raro, como digo, pero no es excepcional. Durante mi periplo he conocido a muchos otros que, como yo, no se sentían cómodos en su propia piel. No todos se vieron exiliados de su casa, de su ciudad o de su país, pero sí que vivían fuera de sí mismos. Este comportamiento tipificado como psicótico, este mecanismo de defensa que todos llevamos dentro y que se activa ante la imposibilidad de habitar en el presente, nos proyecta hacia el futuro, a lo que no es ahora, nos adscribe a postulados ajenos, que no son nuestros y, en definitiva, nos invita a un viaje sin retorno. Lo malo de ese planteamiento, como el de cualquier mecanismo de evasión patológica, es que uno tampoco llega a su destino. Eso es lo que he aprendido durante este tiempo en Barcelona. Y esta vez sí, creo que por fin estoy curado. Ya puedo golpear tres veces mis chapines de rubíes y volver a Kansas, porque como decía Dorita «ahora estoy segura de que si alguna vez quiero satisfacer un deseo, trataré de que sea en mi propia casa, pues si no es allí, aún menos lo ha de ser fuera de ella».



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