Tierra 616

domingo, septiembre 30, 2007

Historias vendo y para mí no tengo (vol. III, 2 de 3)

Hay veces que es mejor no decir las cosas.
.
Para eso están los blogs. O los huecos de los árboles. Para gritar lo que a nadie podemos gritar. Para librar nuestra pequeña guerra dentro de la paz que aparentamos defender. Pero nuestras guerras, por mucho que nos empeñemos, no se libran solas y, a la menor oportunidad, salen a jugar con otras guerras. Porque las guerras necesitan adversarios, necesitan víctimas y, sobre todo, necesitan héroes. Y yo creí haber encontrado al mío.

El caso es que a finales de julio volví a abandonar Madrid, de nuevo con rumbo al Oeste ibérico, que viene a ser como el Oeste yanqui pero con megalitos y alcornoques por todas partes, lo cual le da un toque rancio de serranía algarroba que en Barcelona no se puede encontrar. El motivo era acudir por tercera vez a ese festival mutante que nadie había pedido pero que ahí está: el Contempopránea. La crónica de la edición de este año se la dejo a ellos. Lo mejor, cuando el loco del pueblo que se suele apostar junto a la entrada al recinto, entre improperios de toda índole, espetó un sonoro «¡Clase alta, liberaos!» que dejó enmudecida a la muchedumbre popi allí congregada. Ah y Ellos me deben un concierto.

De ahí, vuelta relámpago a Madrid, y puente aéreo a Barcelona, donde esperaba encontrar al héroe de mi guerra particular. Mi héroe era apuesto sin ser presuntuoso, sencillo a la par que tierno, estaba curtido en mil batallas (tenía heridas que lo demostraban) y además, le gustaba Mariah Carey. Era demasiado perfecto. Tanto, que en él llegaba a intuir algo más íntimo, algo que me tocaba de cerca. Era como una versión futurista de mí mismo. Era como la Kate de Kitty Pryde, alguien cuyas esperanzas se habían malogrado en una Tierra yerma. Era como perder la guerra antes de empezarla. Ése era mi héroe. Lo que yo no sabía era que mi héroe me temía tanto como yo a él.
.
Entonces empezaron a llegar las visitas de Madrid, las excursiones a los cementerios, los cócteles en las azoteas, los lenguarazos de la Patrick y las tertulias chomskianas. Durante aquellos días, mi héroe mantuvo las distancias. Su trato se volvió frío y desapegado, como si supiera lo que iba a ocurrir y, por mucho que lo intentara, no pudiera evitarlo. Las pocas veces que nuestros caminos se cruzaron, se mantuvo en la sombra, distante, observándome con sigilo. Nunca se atrevió a dar un paso adelante. Yo ya empezaba a sospechar que mi héroe nunca ganaría aquella guerra; que, inevitablemente, mi héroe acabaría convirtiéndose en mi adversario... o en mi víctima.

Etiquetas:

ENTREACTOS III

jueves, septiembre 20, 2007

Historias vendo y para mí no tengo (vol. III, 1 de 3)

Pues resulta que yo no fui el único que fue solo a ver X-Men 3 al cine.
.
Exactamente un año después de su estreno, conocí a otra persona que, como yo, se propuso ver sufrir a Jean Grey más allá de la muerte en la soledad de los incomprendidos. Y, por supuesto, acabamos en la cama. Pero eso fue después de pasar una inolvidable noche de cervezas por el Raval y orinar por las calles del Eixample, de besuquearnos por las esquinas de las iglesias presbiterianas y de compartir el rosado de la Champanería sobre la arena de la Marbella hasta decirle adiós a la Noche de San Juan.

Eso fue, además, a finales de junio, justo antes de bajar a Madrid. No es mucho tiempo, pero parece que haya pasado una eternidad. Según aterrizaba mi avión, ya estaba JC calentando motores para empezar lo que marcaría oficialmente el comienzo de mis vacaciones estivales: el Orgullo o Europride (primero en español). Cuatro días y cuatro noches de encuentros, reencuentros, juntismos, separatismos, orines, ron y mucha marica malfollá, en el buen sentido, entiéndase. Ah, y el churrero, claro. Baste decir que, con lo que yo soy, anduve la mayor parte del tiempo descamisao por las calles y me llamaron de todo, hasta osito (¿en serio?). Aunque hubo quien acabó peor, doy fe.

Sin dormir y trabajando a destajo hasta el último momento (aunque por causas nobles), así me encaminé hacia las playas de Huelva con toda la familia, con un par de aletas y un libro de Chomsky. Reflexionando sobre esas dos semanas de convivencia familiar, lo cierto es que no fue nada mal: pocas raciones de reproches paternos y muchas de jamón de Jabugo, todo regado con buen vino y playas llenas de familias de la nueva España rica.

De vuelta a Madrid, más terrazas con cerveza helada y fritanga de barrio, sórdidos garitos llenos de curritos con los veranos hipotecados (miedo me da pensarlo), salivas malgastadas en chicos equivocados, maltratadores, cumpleaños, más terrazas y la visa echando humo.
.
El caso es que durante todo ese tiempo, como me prometí a mí mismo, no llamé a Josh (el chico que vio morir a Jean Grey). Porque no era cuestión. Porque estaba en la otra punta del país y porque en verano no hay que echarse novio. Pero sí que pensaba en él. No sólo por los motivos obvios, sino por otros que, echando la vista atrás, se me hacen mucho más inquietantes...

Etiquetas:

martes, septiembre 18, 2007

Próximamente: Historias vendo y para mí no tengo (vol. III)

Ahora también, disponible en DVD.

Etiquetas:

miércoles, septiembre 12, 2007

LA MADRE QUE ME PARIÓ

hace hoy 27 años, ahora mismo me estaría contemplando en un mar de dudas por saber qué coño sería de aquel canijo regordete con unos ojos de una hermosura maligna. A ella, a esa madre sin cuyo desaliento y castración no sería quien soy ahora, maricón, apóstata, idealista y pobre, le dedico esta canción. Va por ti.


Etiquetas: , ,

domingo, septiembre 09, 2007

WE ARE NOT

jueves, septiembre 06, 2007

POR MUCHA BJÖRK QUE SEAS...


...eso de mandarle a Vicentín que te haga los vídeo, como que no.

Etiquetas: , ,

domingo, septiembre 02, 2007

FUERA DE LUGAR

Siempre me fascinaron los multiformes, he de admitirlo. Eso de poder ser una persona que no eres es una tentación demasiado grande como para no caer en ella, aunque sea a través de los canales de ficción habituales. No hay que echar mucho la vista atrás para recordar el Malkovich de Kaufman, las usurpaciones de Auster o a la mismísima existencia de las gemelas Olsen, verdadera avanzadilla de la invasión skrull en la Tierra. Al margen de los siempre aburridos juegos entre persona y personaje, la suplantación de la vida ajena es un pozo inagotable de morbo del bueno. No del morbo sexual que nos puede dar una nariz demasiado pronunciada, unos pezones demasiado grandes o un trasero demasiado peludo. No, me refiero al morbo de lo desconocido, la zona negativa a la que nadie accede a menos que se convierta en John Malkovich o en Ashley y Mary-Kate. Lo que mola es aprender del otro todo lo que no nos cuenta: todos sus tics, sus retorcidos quiebros de cadera, el disonante crujir de sus dedos, el rebervero de su voz, la pululosa textura de su lengua, el sabor acre de su sudor, ese dulce escozor en la entrepierna... todos sus ángulos muertos. Este sublime ejercicio de transformismo es el único que nos puede ayudar a entender cómo funciona el otro, aquél que no somos nosotros. Hay que intentar hacerse el otro, sabiendo que eso es imposible. Es la única manera de alcanzar ese lugar a medio camino que no es de nadie, la intersección de los conjuntos, la diferencia de significados entre términos equivalentes en idiomas irreconciliablemente distintos, el puente que Oliveira le tiende a Traveler, la mirada de Juarroz, el día y medio en Hiroshima. Todos y cada uno de los ángulos muertos que sólo un skrull puede habitar. Y es que ser skrull tiene que molar (sí, ya me he vuelto a enganchar a los cómics, pero todo es culpa de Bendis).



Etiquetas: , , ,