Tierra 616

domingo, septiembre 28, 2008

PRINCIPIOS

La vida está llena de ellos. Desde siempre, el ser humano ha divido su tiempo en la Tierra en toda clase de ciclos para dotarse de nuevos comienzos: eras, edades, periodos, imperios, reinados, gobiernos, años, estaciones, meses, e incluso días. Ese afán por desgajar el tiempo, por seccionarlo y delimitarlo no nace sino del error constante del presente. Todos esos ciclos no son sino nuevas oportunidades para empezar desde cero. Desde el principio de los tiempos, el ser humano ha querido volver a la casilla de salida, seguro de que esta vez las cosas saldrían mejor, seguro de evitar el desastre al que le abocó sin remedio su propia naturaleza. Evangelios, cismas, reformas, contrarreformas, repúblicas, separatismos, independencias, golpes de Estado, elecciones, no han sido, en definitiva, más que vanos intentos por crear nuevos principios. Principios que nos infundan esperanza, principios que guíen nuestros pasos, principios sobre los que sustentar nuestros actos, que den sentido a las derrotas y justifiquen las victorias. Principios que nos digan que un pedazo de tierra es nuestro, que los infieles son los demás, que nuestra historia es la única historia que merece la pena ser contada. Principios creados por el hombre para el hombre. Principios basados en el artificio. Y es que el artificio ha sido la única forma que el ser humano ha podido vencer al tiempo e inventar su propia historia. Una historia llena de principios, pero sin ningún final.

viernes, septiembre 19, 2008

JUEGOS DEL LENGUAJE

Entre el famoso Tractatus de Wittgenstein y su posterior obra Investigaciones filosóficas transcurrieron más de treinta años en los que el autor tuvo tiempo para hacer muchas cosas: entre ellas desdecirse de su anterior postura filosófica y adoptar una totalmente opuesta. A priori, la principal diferencia entre ambas se refiere a la concepción del lenguaje como medio para dar solución al problema de la filosofía: el primer Wittgenstein proponía un andamiaje de proposiciones atómicas que habían de corresponderse con los hechos del mundo de una manera unívoca, es decir, que para ser válida, una proposición debía poder verificarse en la realidad física; el segundo Wittgenstein, por el contrario, consideraba que el sentido de una proposición estaba determinado por el uso que se hiciera de ella, más allá de que existiese una correspondencia exacta con el mundo real. Con tal conclusión y de manera póstuma, el que fue uno de los pensadores más influyentes del siglo XX supeditó la verdad del lenguaje a su finalidad. Este giro hacia el pragmatismo radical no fue algo aislado en las corrientes de pensamiento del siglo XX que, tras un positivismo filosófico y científico desaforado, empezaban a verle las orejas al lobo. Los pensadores de aquellos años llegaron a dinamitar la infalibilidad de la ciencia y a dar por muerta la objetividad cognoscitiva, sin la cual, toda doctrina racional era susceptible de ser rebatida. Y, como se pudo comprobar a mediados de siglo, cuando lo racional falla, lo irracional no tarda en tomar el relevo. El cauce de los fanatismos encontró poca resistencia cuando los sistemas ideológicos establecidos se vieron cuestionados tanto en lo estructural como en lo coyuntural. Pero no sólo los fanáticos aprovecharon ese quiebro de valores para difundir su palabra, también los mercaderes, en todas sus formas y variantes, supieron ver en la crisis una oportunidad. Poco a poco fue cobrando forma una curiosa amalgama de los valores y antivalores mencionados. Bajo en paraguas de las libertades individuales, cuyo principal valedor era la primera potencia del mundo, los mercaderes tomaron los ropajes del liberalismo clásico y los remendaron a su medida, asimilando las nociones de «propiedad» y «empresa» a las de «libertad» e «individuo». Un ejemplo de esta sustitución de valores se produjo cuando estos mercaderes apelaron a los logros conseguidos en los derechos y libertades civiles por la población negra tras la guerra civil de la primera potencia del mundo para erigir sus corporaciones como «personas» jurídicas y beneficiarse así de todos los derechos por los que se derramó tanta sangre. Una sutil vuelta de tuerca a las fuentes del derecho fue suficiente para lograr que las empresas se liberaran de la esclavitud legislativa del Estado para, a su vez, instaurar su propia esclavitud, esta vez basada en el salario y la plusvalía. Una vez más se demostraba, de la manera más cruda imaginable, que la finalidad de una proposición siempre se impone a su verdad. He ahí la verdadera diferencia entre el primer y el segundo Wittgenstein: el primero trató de describir el mundo con toda la veracidad que le permitió el lenguaje; el segundo, trató de describir el lenguaje con toda la veracidad que le permitió el mundo.

viernes, septiembre 12, 2008

LAS REGLAS DEL JUEGO

«Vivimos en el eterno presente, sin memoria ni perspectivas. En la total ausencia de responsabilidad. Sólo pensamos en nosotros mismos. Es un problema estructural. Tenemos miedo: del otro, de perder, de no ser fuertes.»

Todo esto, dicho por la nueva directora del diario italiano L’Unità, es evidentemente cierto. Y lo es más cuanto más conscientes somos de la fragilidad del suelo que nos sostiene. El recordatorio constante de esa fragilidad nos convierte en constantes supervivientes. Y ya se sabe que para sobrevivir, hay que imponerse a los demás por todos los medios a nuestra disposición. Como supervivientes, imponerse a los demás por todos los medios a nuestra disposición no solamente es nuestro derecho legítimo, es nuestra sacrosanta obligación. Es un comportamiento propio de la naturaleza humana que no podemos ni debemos negar. Socialmente, es evidente que este comportamiento está más que aceptado en ámbitos de nuestra vida diaria tan variopintos como el deporte, el trabajo, el comercio o la política. En todos ellos, la finalidad es imponerse al otro, ocupar su puesto, hacerse con sus clientes, captar sus votantes. La competencia presupone el enfrentamiento. Ganar o perder, sobrevivir o perecer. Es una realidad que no podemos negar. No se trata de ideología, es nuestra naturaleza. Todo esto, repito, no es ideología. Nadie te está diciendo qué pensar. No hay ningún programa doctrinario tras estas frases. La propaganda panfletaria ya no existe. No existen las consignas. Las siglas políticas ya no tienen sentido. Las ideologías, como digo, no tienen nada que ver con esto. Las ideologías murieron hace tiempo. Hoy en día no necesitamos ideas prefabricadas, hemos dejado que sea nuestra propia naturaleza la que guíe nuestras vidas, nuestros mercados y nuestras naciones. Somos libres. Las reglas son que ya no hay reglas. Sálvese quien pueda.



martes, septiembre 09, 2008

PERFILES


domingo, septiembre 07, 2008

DOS AÑOS

Hoy hacemos dos años. Dos años de separación. Dos años de remordimientos. Dos años mirando tu nombre en la agenda del móvil sin poder llamarte. Dos años de silencio y una simple conversación lo cambia todo. Dos años desde que todo se acabó y hoy todo puede volver a empezar. Dos años de negación y mi única respuesta es sí. Sí, podemos quedar. Sí, claro que te llamaré en cuanto llegue. Sí, yo tampoco puedo esperar para abrazarte en cuanto te vea.
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