Tierra 616

lunes, diciembre 08, 2008

LA MUERTE DE LA FEA

Semanas de aliteraciones han terminado por fin conmigo instalado en una vida llena de semanas de aliteraciones que terminarán conmigo instalado en un bucle maravilloso llamado Barcelona. Tres meses después de tomar la decisión de dejar de traicionarme a mí mismo y conseguir de una vez lo que quiero, lo he conseguido. Lo único que tenía que hacer es dejar de creer en lo único que me quedaba por creer: en mí mismo. En la promesa de lo que sería mi vida, o más bien, de lo que tendría que ser. En las expectativas que yo mismo me fijé en algún momento con el único fin de escapar de un presente que no deseaba. En la mitología que yo mismo creé a partir del deseo de huir, de sumergirme bajo el agua y aguantar la respiración hasta llegar a la otra orilla, donde me esperaría un glorioso destino. Ahora sé que no hay ninguna orilla a la que arribar, más que la orilla que marca el final, que no el destino, y que la gloria no se alcanza sumergido en las tinieblas, sino bajo la luz de los focos. Por eso ahora ya no creo en lo que soy, sino en lo que hago. Ya no me fijo metas, sino que las alcanzo. A partir de ahora ya nadie podrá esperar nada de mí. A partir de ahora pondré yo mis exigencias. Como hace ella.