Tierra 616

sábado, febrero 14, 2009

VIOLENCIA POP

Son muchas las voces que claman una acción directa de los Gobiernos sobre los sistemas económicos que ellos mismos ayudaron a liberar. Otros abogan por aprovechar la ocasión para refundar las relaciones Estado-Economía y que ambos sienten la cabeza de una vez. Hay quien incluso ve en esta crisis una oportunidad para desmantelar un sistema injusto cuyo único fin es la acumulación. Lo que ninguno de ellos entiende es que todo este debate ya no tiene sentido: ni Davos, ni Portoalegre, ni Kioto tienen ya sentido. Nada de lo pactado se ha respetado: ni los acuerdos refrendados, ni las medidas adoptadas, ni las normativas aprobadas, ni los contratos firmados, ni los cargos jurados. Día tras día, las restricciones desaparecen, las leyes se infringen, los planes se incumplen y los compromisos se rompen. Día tras día, el contrato social va perdiendo consistencia, despido tras despido, sus palabras se emborronan, desfalco tras desfalco, su papel amarillea, impago tras impago, su vigencia adelgaza, se atenúa, se nubla. El contrato social, lo único que realmente nos separa de la insurrección, está siendo pisoteado por políticos y directivos en las mismas narices de ciudadanos y trabajadores. Ya no hay nada sagrado.